Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios (si los hay). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics, Youtube. Al usar el sitio web, usted consiente el uso de cookies. Hemos actualizado nuestra Política de Privacidad. Por favor, haga clic en el botón para consultar nuestra Política de Privacidad.

Concentraciones de microplásticos en órganos humanos y su relación con enfermedades cardiovasculares

Concentraciones de microplásticos en órganos humanos y su relación con enfermedades cardiovasculares

El dato más repetido a nivel global acerca de los microplásticos —según el cual consumimos el equivalente a una tarjeta de crédito semanalmente— se origina en un documento de 2019 cuya horquilla oscilaba entre 0,1 y 5 gramos, si bien la difusión mediática priorizó la cota más alta. Posteriormente, una investigación revisada por pares publicada en un medio académico determinó que dicha estimación arrastra fallos considerables. Paralelamente, una investigación observacional dada a conocer en The New England Journal of Medicine reveló que aquellos individuos con presencia de residuos plásticos en la placa carotídea experimentaron una probabilidad 4,5 veces mayor de sufrir un infarto, un derrame cerebral o un desenlace fatal. Ambos enunciados resultan ciertos de manera simultánea: abundan las estadísticas infladas, pero también existen indicios clínicos de peso. El presente texto distingue ambas realidades. En él se detalla en qué localizaciones anatómicas y volúmenes se han detectado microplásticos, qué revelan las investigaciones clínicas sobre la vulnerabilidad cardíaca y neurológica, por qué las mediciones de concentración difieren entre investigaciones —dado que ninguna de las 101 indagaciones analizadas en una revisión de calidad satisfizo la totalidad de los requisitos indispensables—, cuáles canales de exposición disponen de una cuantificación fidedigna frente a los que carecen de ella, y qué acciones prácticas disminuyen la exposición basándose en datos respaldados. Cada una de las cifras incluye su respectiva procedencia, fecha de publicación y código DOI.

Resumen en 30 segundos: las nueve cifras que importan

HallazgoCifraFuente y año
Peligro cardiovascular ante microplásticos en placas carotídeas4,5 veces mayor probabilidad de infarto, ictus o fallecimiento a los 34 mesesMarfella et al., NEJM (2024) [1]
Presencia de restos plásticos en trombos de seres humanos80 % de los coágulos procedentes de pacientes con infarto, ictus o trombosis venosaRevisión narrativa (2026) [2]
Promedio de concentración circundante en sangre total268 ng/ml como media general; alcanzando 1.070 ng/ml en aquellas muestras cuantificablesBrits et al. (2024) [3]
Tejido con mayor acumulación de partículas (>20 µm)Pulmón: registrando 14,19 ± 14,57 elementos por gramo, siendo el PVC el polímero predominanteZhu et al. (2024) [4]
Intervalo de concentraciones halladas en la totalidad de tejidos analizados0,2 a 342,55 partículas por gramo, o bien entre 0,43 y 275,78 µg/gXu et al., síntesis PRISMA de 70 estudios (2026) [5]
Investigaciones que satisfacen los estándares de rigor analíticoNinguno de los 133 conjuntos de datos recopilados en 101 publicacionesLane et al., Environment International (2026) [6]
Presencia de fragmentos en los controles blancos de laboratorioEntre 7 y 511 partículas contadas, arrojando un promedio de 80 por cada muestraMunno et al., 12 laboratorios (2023) [7]
Concentración de nanoplásticos en agua embotellada2,4 ± 1,3 × 10⁵ unidades por litro, correspondiendo el 90 % a nanoplásticosQian et al., PNAS (2024) [8]
Comparativa entre agua de red y embotellada en el Reino Unido40 ± 16 frente a 37 ± 11 partículas por litro: resultados estadísticamente equivalentesAl-Mansoori et al. (2024) [9]

Lo que vas a encontrar en este artículo

  • El origen exacto del dato de la tarjeta de crédito y por qué una revisión científica lo considera erróneo.
  • El inventario completo de tejidos humanos donde se han detectado partículas, con las concentraciones medidas.
  • Los dos estudios clínicos que han cambiado la conversación, con sus cifras y sus límites de diseño.
  • El caso del cerebro: un hallazgo de alto impacto y la crítica metodológica publicada en la misma revista.
  • Por qué las concentraciones entre estudios no se pueden comparar, con la auditoría de calidad que lo demuestra.
  • Qué efectos están «sospechados» y con qué nivel de evidencia, según una revisión sistemática formal.
  • Las vías de exposición cuantificadas, incluida la sorpresa del agua del grifo.
  • Seis preguntas para auditar cualquier titular sobre microplásticos.

1. El dato que contaminó el debate: la tarjeta de crédito

En 2019, un estudio solicitado por WWF a la Universidad de Newcastle calculó que un individuo podría consumir entre 0,1 y 5 gramos de microplásticos semanalmente, en función de los parámetros y la información disponible. La difusión mediática se aferró al límite superior de 5 gramos, indicó que correspondía a la masa de una tarjeta bancaria, y dicha representación visual recorrió el planeta.

El problema no es la metáfora, es el salto metodológico. Una revisión posterior publicada en literatura científica concluyó que el cálculo de 0,1 a 5 gramos por semana contiene errores graves, y advirtió de que combinar datos de microplásticos obtenidos con métodos de medición distintos exige una cautela que ese cálculo no tuvo. La verificación independiente del dato equivalente por inhalación llegó a una conclusión aún más tajante: al ritmo más alto jamás medido, inhalar cinco gramos de plástico llevaría del orden de tres mil años.

Conviene detenerse aquí porque explica casi todo lo que viene después. El campo de los microplásticos tiene un problema de unidades. Los estudios reportan partículas por gramo, microgramos por gramo, partículas por litro o nanogramos por mililitro, con límites de detección distintos y técnicas que miden cosas diferentes. Convertir entre unas y otras exige supuestos sobre la masa media por partícula que casi nunca se explicitan. Cuando un titular ofrece una cifra redonda y memorable sobre cuánto plástico hay en tu cuerpo, lo más probable es que esa cifra sea el resultado de una cadena de conversiones no validadas.

Esto no quiere decir que el inconveniente no sea real. Implica que su dimensión aún no ha sido delimitada, de modo que cualquiera que asegure conocerla con exactitud se está precipitando ante los datos.

2. Localización y volumen de los hallazgos

Respecto a la presencia, existe un acuerdo generalizado: se han hallado micro y nanoplásticos en prácticamente cada rincón analizado del organismo humano. Tras aplicar una revisión sistemática basada en la metodología PRISMA sobre 70 investigaciones con muestras biológicas difundidas entre 2019 y 2025, se determinó que, al unificar las métricas, las concentraciones oscilan entre 0,2 y 342,55 partículas por gramo y entre 0,43 a 275,78 µg/g, registrándose los niveles superiores en tejidos digestivos, reproductivos, circulatorios y pulmonares [5].

MatrizDetección y concentraciónTécnicaFuente
Sangre enteraPolímeros en 64 de 68 muestras; media 268 ng/ml; 170-2.490 ng/ml en las 17 que superaron el límite de cuantificaciónPy-GC-MS validada, con controles de calidad estrictos[3]
Pulmón14,19 ± 14,57 partículas/g — la mayor abundancia de los tejidos analizadosInfrarrojo láser directo (>20 µm)[4]
Intestino delgado, grueso y amígdala9,45 ± 13,13; 7,91 ± 7,00 y 6,03 ± 7,37 partículas/gIgual que la anterior[4]
Bulbo olfatorioDetectados en 8 de 15 fallecidos; 16 partículas y fibras; polipropileno el más común (43,8 %); tamaños de 5,5 a 26,4 µmµ-FTIR, con blancos y controles negativos limpiosAmato-Lourenço et al., JAMA Netw Open (2024) [10]
Líquido cefalorraquídeo y sangre emparejadosLCR: 7,59-16,07 µg/ml. Sangre: 121,43-151,52 µg/ml. Correlación LCR-sangre en pacientes neuroinmunes (r = 0,56; p < 0,001), ausente en controlesPy-GC/MS, 11 polímerosWang et al. (2026) [11]
Tiroides, riñón y cerebroHasta 40,4 partículas/g (peso húmedo); nanopartículas <0,02 µm de PS, PET y PAN en los filtradosSEM-EDS, MALDI-TOF, O-PTIRDzierżyński et al. (2025) [12]
Placenta, leche materna, semen, orina, hecesDetección recurrente confirmada en revisión de 91 estudios de biomonitorizaciónVariadaZuri et al. (2023) [13]

Hay un par de matices que frecuentemente se pasan por alto. Para empezar, los nanoplásticos —que generan mayor inquietud debido a su habilidad para rebasar barreras biológicas— apenas logran cuantificarse, ya que se hallan por debajo del umbral de detección analítico de la mayor parte de las técnicas. Las piezas identificadas se agrupan en la franja de 10 a 100 µm [5], vale decir, exactamente en el segmento que los procedimientos actuales alcanzan a registrar. Lo invisible se ignora, lo cual distorsiona de forma sistemática el registro.

El segundo aspecto: al analizar tejidos con un tamaño muestral superior, la presencia resultó notablemente más alta en el género femenino frente al masculino (p < 0,05) [4], un resultado carente de causa conocida y que rara vez figura en los reportes.

3. Lo que verdaderamente constituye un signo clínico: el sistema cardiovascular y las arterias

Aquí está la evidencia más fuerte que existe hoy, y merece describirse con precisión porque es la que sostiene la preocupación legítima.

El estudio de Marfella y colaboradores, publicado en The New England Journal of Medicine en 2024, fue prospectivo, multicéntrico y observacional. Reclutó 304 pacientes sometidos a endarterectomía carotídea por enfermedad carotídea asintomática; 257 completaron un seguimiento medio de 33,7 ± 6,9 meses. Las placas extirpadas se analizaron con pirólisis-cromatografía de gases-espectrometría de masas, análisis de isótopos estables y microscopía electrónica [1].

Resultados: el polietileno fue detectado en la placa de 150 pacientes (58,4 %), alcanzando una concentración media de 21,7 ± 24,5 µg por miligramo de placa; asimismo, 31 pacientes (12,1 %) presentaron concentraciones mensurables de PVC, con un promedio de 5,2 ± 2,4 µg/mg. A través de la microscopía electrónica, se observaron fragmentos extraños de contornos irregulares inmersos entre los macrófagos de la placa. Respecto al criterio de valoración principal —que abarca infarto de miocardio, ictus o fallecimiento por cualquier motivo—, este se presentó con una incidencia 4,5 veces superior en aquellos individuos donde se identificaron partículas en comparación con los casos libres de ellas [14].

Una segunda investigación prospectiva replicó idéntico diseño en vasos coronarios: 142 enfermos infartados evaluados mediante angiografía, de los cuales 110 finalizaron el control, arrojando conclusiones similares respecto a episodios cardíacos graves [15]. Asimismo, un análisis documenta la presencia de partículas en el 80 % de los coágulos sanguíneos humanos extraídos de individuos con infarto, accidente cerebrovascular y trombosis venosa profunda [2].

Los límites, que son importantes. Son estudios observacionales: establecen asociación, no causalidad. La presencia de partículas en la placa podría reflejar una exposición mayor, pero también una placa más inflamada y por tanto más permeable, o diferencias socioeconómicas y dietéticas correlacionadas con el riesgo cardiovascular. Los propios autores lo formulan como la primera evidencia clínica de acumulación en placas asociada a riesgo aumentado [16], no como demostración de que las partículas causen los eventos. Un comentario editorial en la literatura cardiológica planteó la pregunta en los términos adecuados: ¿detritos inactivos o predictores de eventos? [17]

4. El caso del cerebro: hallazgo fuerte, método discutido

Este resulta ser el capítulo más didáctico de toda la temática, y el motivo por el cual merece la pena leer los artículos en lugar de quedarse únicamente con los titulares.

En 2025, Nature Medicine publicó un trabajo que detectó micro y nanoplásticos en riñón, hígado y cerebro de personas fallecidas, con las concentraciones más altas en cerebro y el polietileno como polímero predominante. Reportó dos hallazgos llamativos: las concentraciones aumentaron entre 2016 y 2024 (p = 0,01) tanto en hígado como en cerebro, y fueron mayores en los cerebros de donantes con diagnóstico documentado de demencia, con depósito en paredes de vasos cerebrales y en células inmunitarias [18].

Poco tiempo después, la mencionada publicación lanzó una respuesta oficial. Monikh junto a su equipo puntualizaron que la investigación cuenta con fallas metodológicas, tales como medidas de control de contaminación insuficientes y ausencia de fases de validación, factores que podrían comprometer la exactitud de los niveles informados [19]. Dicho cuestionamiento no descarta la existencia de partículas en la materia cerebral, sino que pone en tela de juicio las proporciones.

La magnitud del volumen cuestionado resulta considerable. Un análisis posterior menciona niveles de hasta 4.917 µg/g en tejidos necrópsicos de 2024 [20]. Al interpretar este dato de forma estricta y proyectarlo hacia la totalidad de un encéfalo adulto, se obtienen varios gramos de este material, un volumen que choca frontalmente con los cálculos de consumo conocidos. Dicho conflicto —que enfrenta las cantidades internas señaladas con los cálculos de ingesta— aparece reflejado de manera explícita como fuente de inquietud en torno a la fiabilidad de las mediciones, la posible alteración de las muestras y la exactitud de los números [21].

Lo que de verdad se sabe con cierta seguridad acerca de la mente:

  • Hay vías de entrada plausibles y documentadas. El hallazgo en bulbo olfatorio, con blancos de procedimiento limpios, sugiere una ruta de translocación que evitaría la barrera hematoencefálica [10].
  • El daño previo de la barrera facilita la entrada. En 28 muestras de líquido cefalorraquídeo, solo poliestireno, polietileno, polipropileno y PVC entraron selectivamente en el sistema nervioso central, y las concentraciones de PP y PE correlacionaron positivamente con el índice de albúmina del LCR, marcador de permeabilidad de la barrera [22].
  • Ese mismo estudio no encontró señal inflamatoria. Las concentraciones de partículas no se asociaron significativamente con los niveles de interleucina 6 ni interleucina 8 en LCR, y los autores concluyen que los microplásticos de plásticos de uso común no indujeron ni agravaron de forma significativa la inflamación en el sistema nervioso central humano [22]. Es un resultado negativo, y por eso casi no se ha difundido.
  • La evidencia humana sobre efectos cognitivos es transversal. Una revisión sistemática de 18 estudios encontró correlaciones entre exposición interna elevada y función cognitiva alterada o biomarcadores neurodegenerativos, pero todos los estudios humanos eran transversales y ninguno demostró causalidad [23].

5. Por qué las cifras no son comparables entre estudios

Si hay una sección de este artículo que conviene recordar, es esta. En 2026 se publicó la primera herramienta de cribado de calidad específica para estudios de microplásticos en el cuerpo humano: catorce criterios repartidos en tres categorías —métodos de muestreo, caracterización de partículas y mitigación de la contaminación—. Se aplicó a 133 conjuntos de datos procedentes de 101 estudios. El resultado: ninguno de los estudios ni de los conjuntos de datos cumplió todos los criterios esenciales, de modo que su valor actual reside sobre todo en ser investigación exploratoria pionera. Las carencias más comunes fueron la representatividad de la muestra, el uso de controles positivos y la documentación de los procedimientos de blanco [6].

Un dato revela la verdadera dimensión del inconveniente de la contaminación de fondo. Durante un análisis comparativo de procedimientos en el que colaboraron 12 laboratorios participantes, las muestras de control —que teóricamente tendrían que estar libres de elementos ajenos— registraron de 7 a 511 partículas, alcanzando una media de 80 por cada una. Predominaron las fibras oscuras dentro del rango de 20 a 212 µm. Asimismo, surgió un dato preocupante: los métodos habituales de mitigación (purificación de agua, ventilación filtrada y recintos aislados) no afectaron significativamente a la contaminación del blanco [7].

Origen de la discrepanciaEfecto generadoPrueba
Metodología analíticaµ-Raman, LDIR, µ-FTIR junto con Py-GC/MS generan discrepancias metódicas entre las mediciones másicas y de recuento[5]
Umbral de visibilidadEl FTIR alcanza 1-5 µm, mientras que µ-Raman desciende a 500 nm; por debajo de estos rangos, ningún elemento es contabilizado[24]
Métrica de expresiónPartículas/g, µg/g, partículas/l, ng/ml; numerosos trabajos omiten la diferencia entre microplásticos y nanoplásticos, agrupándolos en una única categoría[25]
Procedimiento de digestiónEl H₂O₂ al 30 % y el KOH al 10 % sobresalen como los habituales, aunque existen divergencias en la filtración y conservación que alteran la sensibilidad y la especificidad[5], [25]
Interferencia ambientalSe registran entre 7 y 511 partículas en las muestras de control; los procedimientos estándares resultan insuficientes para su supresión[7]
Falta de contrastaciónEscasas investigaciones implementan de manera rigurosa blancos y ensayos de recuperación, restando solidez a la replicabilidad[26]

Este patrón no resulta novedoso ni se limita exclusivamente a los tejidos humanos. Ya en 2019, un análisis crítico centrado en medio centenar de investigaciones sobre la presencia de microplásticos en el agua de consumo y sus orígenes reveló niveles que abarcaban diez órdenes de magnitud entre las diferentes muestras, destacando asimismo que solo cuatro de los cincuenta estudios superaron con éxito la totalidad de los parámetros de calidad establecidos [27]. Transcurridos siete años, el panorama permanece inalterado.

Hay además un episodio que ilustra cómo se discute esto dentro de la ciencia. Un estudio ampliamente difundido sobre microplásticos en testículo humano y canino recibió un comentario formal en Toxicological Sciences cuestionando que el abordaje analítico fuera lo bastante robusto: sin detalles de contaminación de fondo, sin blancos ni controles positivos, sin límites de detección y cuantificación, y con el método de Py-GC/MS sin validar para tejidos biológicos [28]. Es información relevante para el lector, con una cautela que también lo es: ese comentario fue financiado por el American Chemistry Council, la asociación de la industria química estadounidense. Las objeciones técnicas pueden ser válidas y el conflicto de interés existir al mismo tiempo; el lector merece saber ambas cosas.

6. Lo que está demostrado, lo sospechado y lo que aún no tiene clasificación

La evaluación más exhaustiva existente empleó el enfoque de revisión sistemática Navigation Guide, el idéntico procedimiento utilizado en el ámbito de la salud ambiental para calificar los datos probatorios. Dicho análisis abarcó tres investigaciones observacionales con humanos junto con 28 en animales, y catalogó cada resultado de acuerdo con la solidez global del conjunto informativo [29]:

ResultadoSolidez de la pruebaDictamen definitivo
Calidad seminalElevadaSe sospecha un impacto negativo de los microplásticos
Inmunodepresión intestinalElevadaSe sospecha un perjuicio
Folículos ováricos y hormonas endocrinasMediaSe sospecha un perjuicio
Alteraciones en colon e intestino delgado, recambio celular e inflamación persistenteMediaSe sospecha un perjuicio
Capacidad pulmonar, daño tisular, inflamación prolongada y estrés oxidativo en las vías respiratoriasMediaSe sospecha un perjuicio
Parámetros del nacimiento y tiempo de gestaciónEscasa y muy escasaNo clasificable en personas

El análisis arroja como conclusión textual que se «presume» un daño de los microplásticos sobre la salud reproductiva, digestiva y respiratoria de las personas, relacionándolos además con posibles casos de cáncer de pulmón y colon [29]. Conviene fijarse en el término empleado: presume, y no confirma. Asimismo, cabe destacar que gran parte de esta evidencia procede de investigaciones con animales, más que de sujetos humanos.

Un dato de contexto que relativiza la alarma celular: un metaanálisis de 125 estudios con 2.977 muestras de datos encontró que la citotoxicidad en sistemas experimentales se concentró en los grados no tóxico (62,8 %) y ligeramente tóxico (27,6 %). Los efectos inhibitorios sobre las células se intensificaron significativamente cuando la concentración superó los 40 µg/ml o el tamaño de partícula bajó de 0,02 µm. Ese mismo trabajo denuncia un sobreuso de poliestireno y de partículas esféricas en los diseños experimentales, que se desvía de los escenarios de exposición reales [30]. Es un punto crítico: gran parte de la toxicología disponible usa esferas de poliestireno a concentraciones muy superiores a las ambientales, mientras que lo que se encuentra en los tejidos son fragmentos irregulares de polietileno envejecido.

7. Las vías de exposición realmente cuantificadas

El agua es el recurso mejor investigado, y las cifras albergan dos sorpresas.

La primera es de magnitud. Un trabajo publicado en PNAS desarrolló una plataforma de imagen Raman estimulada capaz de detectar partículas individuales por debajo de 100 nm y la aplicó a agua embotellada: estimó 2,4 ± 1,3 × 10⁵ partículas por litro, de las cuales alrededor del 90 % eran nanoplásticos. Es, en palabras de los autores, órdenes de magnitud más que las abundancias de microplásticos reportadas previamente en agua embotellada [8]. No es que el agua haya empeorado: es que por primera vez se pudo ver el tramo de tamaño que antes era invisible.

El segundo giro inesperado incumbe a la procedencia. La investigación más exhaustiva llevada a cabo en Reino Unido —que abarcó 177 análisis de agua corriente en 13 urbes y 85 provenientes de 17 firmas de agua embotellada— halló fragmentos en absolutamente todas las examinaciones, registrando entre 6 y 100 fragmentos por litro en la red pública, frente a los 12 a 62 de la comercializada. El promedio de concentración en el suministro doméstico (40 ± 16 fragmentos/l) demostró ser prácticamente idéntico al de la versión embotellada (37 ± 11) [9]. Una indagación australiana basada en técnicas de masa descubrió proporciones todavía más elevadas en el agua de red que en la envasada [31], al tiempo que un trabajo estadounidense arrojó resultados opuestos [32]. El corolario lógico es que la brecha entre el grifo y el envase resulta más sutil y variable de lo que la intuición popular presume, estando condicionados los hallazgos fundamentalmente por la técnica analítica empleada.

Elemento expuestoImpacto cuantificadoReferencia
Calor combinado con agitación en botellas de PETLas concentraciones de nanopartículas experimentaron un incremento de 9,29 veces; escenario simulado: envase dentro de un vehículo o expuesto al exteriorHussain et al., Water Research (2026) [33]
Ciclos de congelación-descongelación y variaciones térmicasIncrementan de manera notable las nanopartículas; en cambio, su incidencia sobre las micropartículas resulta menos uniforme[33]
Acción de abrir y cerrar el tapónDesprende fragmentos desde cientos de nm hasta aproximadamente 1 µm; con magnitudes cercanas a décimas de nanogramo por cada operaciónWinkler et al. (2022) [34]
Factor etario: bebés y menores en contraste con personas adultasSe registran 4 partículas/kg de peso/día frente a 1 en adultos, basándose en los aportes sugeridos por la EFSA[9]
Procedencia de los fragmentos en envasesExiste una sólida correlación (r = 0,68; p = 0,049) vinculando el componente del cierre (polietileno) con el polímero dominante hallado en el líquido[9]
Alimentos ultraprocesadosIdentificados como vías principales de transmisión debido a la transferencia desde el envoltorio, la manipulación industrial y la presencia de impurezas; hoy en día rebasan el cincuenta por ciento del consumo calórico en Estados Unidos[20]

Existe un ensayo con humanos que destaca por su franqueza. Una investigación cruzada y aleatoria llevada a cabo en Barcelona exigió a los voluntarios alternar entre agua embotellada y de la llave a lo largo de siete semanas, recolectando 48 muestras fecales y 48 de orina. Se identificaron polímeros en el 83 % de las heces, mientras que en la orina aparecieron aditivos plásticos en el total de las muestras (27 compuestos diferentes). Pese a ello, no se apreciaron discrepancias sustanciales entre ambas modalidades: la frecuencia de hallazgos resultó escasa para alcanzar relevancia estadística [35]. Con apenas tres participantes, los resultados del proyecto no daban margen a más interpretaciones. Este es precisamente el tipo de iniciativas que urge replicar.

8. Qué disminuye la exposición respaldado por datos científicos

Basándose en la información disponible, estas son las acciones que cuentan con un sustento comprobado, dispuestas según la robustez de la información que las avala:

1. No dejar botellas de plástico expuestas al calor. Se trata de la acción con el impacto medido más elevado: la combinación de temperatura y movimiento multiplicó por 9,29 la expulsión de nanopartículas [33]. Dejar el envase dentro del automóvil durante la época estival es una situación que conviene prevenir.

2. No calentar comida en recipientes de plástico. La migración de sustancias desde el envase constituye una ruta comprobada [20], siendo la temperatura elevada el elemento que la propulsa.

3. Reducir ultraprocesados. El beneficio es doble: se disminuyen tanto los residuos de envases como el procesado industrial, destacando además que dichos productos ya se han relacionado de manera independiente con resultados desfavorables en amplios estudios de cohortes [20].

4. No dar por hecho que la botella es más segura que el grifo. Las concentraciones son comparables y en algunos estudios el grifo sale mejor [9] [31]. Si la motivación es reducir exposición a plásticos, el agua embotellada no es la solución obvia.

5. Cuidado especial en bebés, menores y periodo de gestación. Más allá de generar alarma, responde a un motivo estrictamente dosimétrico: la dosis absorbida por kilogramo corporal multiplica por cuatro la de los adultos en infantes y niños de corta edad [9], sumado a la presencia de sistemas defensivos biológicos en desarrollo y a una mayor frecuencia en los hábitos de llevarse las manos a la boca [36].

Lo que carece de sustento: ningún procedimiento de «desintoxicación» de microplásticos, ninguna pastilla, ninguna dieta restrictiva. No hay pruebas sobre ninguna intervención capaz de disminuir la presencia de partículas en el organismo, por lo que cualquier artículo que lo asegure se adelanta por completo a la ciencia.

9. Cómo auditar cualquier titular sobre microplásticos

1. ¿Qué unidad se emplea y cuál es su origen? Las partículas por gramo y los microgramos por gramo no resultan intercambiables a menos que se adopten ciertos supuestos. Por lo general, un cálculo sobre la presencia de plástico en el organismo proviene de una serie de transformaciones sucesivas.

2. ¿Qué técnica se empleó y cuál era su límite de detección? Una investigación incapaz de detectar por debajo de 20 µm deja fuera los nanoplásticos, precisamente los que poseen mayor relevancia biológica.

3. ¿Se incluyen blancos de procedimiento y controles positivos? Careciendo de ellos, resulta imposible determinar si la señal proviene de la muestra o del laboratorio. Téngase presente: hasta 511 partículas en un blanco [7].

4. ¿Es humano o animal? ¿Y a qué concentración? Mucha toxicología usa esferas de poliestireno a concentraciones muy superiores a las ambientales [30].

5. ¿Es asociación o causalidad? Los estudios humanos disponibles son transversales u observacionales. Ninguno ha demostrado causalidad [5] [23].

6. ¿Ha habido réplica o crítica publicada? El caso del cerebro muestra que un hallazgo en una revista de primer nivel puede recibir una objeción metodológica formal en la misma revista pocos meses después [19].

10. Lo que ignoramos

  • Todavía no se ha determinado una correlación dosis-respuesta en las personas. Sin este parámetro resulta imposible establecer umbrales de exposición o realizar una valoración cuantitativa del peligro [6].
  • Tampoco existen investigaciones longitudinales en seres humanos. Toda la información disponible proviene de análisis transversales o de autopsias; ningún investigador ha realizado el seguimiento de una cohorte para cuantificar la carga de partículas y su evolución clínica con el paso del tiempo [23].
  • Los nanoplásticos continúan siendo prácticamente indetectables en muestras biológicas, a pesar de tratarse de los elementos capaces de franquear las barreras corporales [5].
  • Se desconoce su mecanismo de expulsión. Las vías de depuración y la duración de la retención permanecen sin definir, y la información disponible es sumamente escasa justamente en los órganos fundamentales para la toxicocinética [6].
  • Queda pendiente aislar la partícula de su composición química. Los materiales plásticos transportan sustancias añadidas —tales como ftalatos, bisfenoles o agentes estabilizantes— que actúan por sí mismas como alteradores hormonales, además de retener toxinas ambientales. Culpar directamente al microplástico sin diferenciar la partícula pura, los aditivos y los contaminantes adheridos constituye un fallo habitual [37].
  • Se echan en falta criterios normalizados a nivel global para la toma de muestras, los procesos de digestión, la identificación y la presentación de informes. Este vacío metodológico frena todos los avances restantes [6] [25].

Preguntas frecuentes

¿Es cierto que ingerimos el equivalente a una tarjeta de crédito de plástico todas las semanas?

Tampoco con la consistencia que insinúa la afirmación. El número se origina en un estudio de 2019 solicitado por WWF a la Universidad de Newcastle, cuyo intervalo verdadero oscilaba entre 0,1 y 5 gramos a la semana; la difusión oficial se quedó con el tope más alto. Un análisis posterior determinó que dicha estimación arrastra fallos severos, y al contrastar la cifra equivalente por vía respiratoria se calculó que llegar a cinco gramos a la frecuencia máxima registrada tomaría aproximadamente tres mil años. Todavía no se ha determinado la dimensión exacta de la absorción en las personas.

¿Hay microplásticos en el cerebro humano?

Se han detectado partículas plásticas en tejido cerebral, en bulbo olfatorio y en líquido cefalorraquídeo, con varias técnicas independientes. Lo que está en disputa son las cantidades: el estudio de Nature Medicine que reportó las concentraciones más altas recibió una réplica formal en la misma revista señalando controles de contaminación limitados y falta de validación. La presencia es razonablemente sólida; la concentración, no.

¿Los microplásticos provocan infartos o accidentes cerebrovasculares?

Aún no se ha probado su culpabilidad directa. Más bien, se observa un vínculo muy estrecho: dentro de una investigación prospectiva que abarcó a 257 enfermos durante 34 meses, los individuos con acumulaciones en la placa carotídea padecieron ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares o decesos con una frecuencia 4,5 veces mayor. Dado que se trata de un análisis observacional, resulta imposible descartar por completo que dichos elementos sean simplemente el resultado de una inflamación tisular más severa, o bien el reflejo de factores paralelos. Constituye una advertencia médica que demanda mayor investigación, no una relación de causa y efecto comprobada.

¿Conviene más beber agua embotellada o de la canilla?

No hay una respuesta única y los datos sorprenden. El estudio más completo del Reino Unido encontró concentraciones estadísticamente indistinguibles entre grifo (40 ± 16 partículas/l) y botella (37 ± 11). Un estudio australiano encontró más partículas en el grifo; otro estadounidense, más en la botella. Lo que sí está medido es que el tapón de polietileno es una fuente importante en las botellas, y que el calor y la agitación multiplican por 9,29 la liberación de nanopartículas, de modo que la variable con más efecto no es el envase sino cómo se almacena.

¿Qué efectos en la salud se encuentran confirmados?

Ninguno con el grado de «demostrado» en personas. El análisis metódico más exhaustivo con el que se cuenta categoriza como prueba de gran solidez —y por ende repercusión «presunta»— la merma en la calidad seminal y la bajada de defensas intestinales; como nivel intermedio, consecuencias sobre la reproducción, el aparato digestivo y las vías respiratorias; al tiempo que tilda de «indeterminada» la incidencia en los partos y las semanas de gestación. Gran parte del peso probatorio se sustenta en investigaciones con animales.

¿Puedo eliminar los microplásticos de mi cuerpo?

Ninguna intervención cuenta con respaldo empírico para disminuir la acumulación interna de partículas plásticas; carecen de eficacia tanto los suplementos como las dietas o los métodos depurativos. Todavía no se han definido con precisión las vías de expulsión ni los periodos de retención. La única medida práctica respaldada por bases sólidas consiste en disminuir la exposición, sobre todo al impedir que el calor incida sobre los plásticos y al recortar el consumo de comestibles ultraprocesados.

¿A qué se debe que los estudios arrojen datos tan dispares?

Debido a que sus métodos de medición resultan incompatibles. Diversas técnicas (como µ-Raman, FTIR, LDIR y Py-GC/MS) generan desviaciones sistemáticas al comparar parámetros de conteo frente a los de masa; asimismo, los umbrales de detección oscilan desde los 500 nm hasta las 20 µm, los formatos de informe varían según la investigación y la contaminación ambiental propia del laboratorio es capaz de introducir hasta 511 partículas en un ensayo en blanco. Tras evaluar rigurosamente 133 bases de datos procedentes de 101 publicaciones, una auditoría de calidad determinó que ninguna satisfacía la totalidad de los requisitos fundamentales.

Metodología y restricciones de esta publicación

Este texto se fundamenta en bibliografía arbitrada hallada a través de exploración semántica en repositorios científicos (Semantic Scholar, OpenAlex y PubMed mediante Consensus), dando prioridad a tres categorías de investigación: ensayos clínicos prospectivos, síntesis sistemáticas con rigor explícito (PRISMA o Navigation Guide) y evaluaciones de rigor metodológico. Asimismo, se incorporaron intencionadamente las objeciones difundidas sobre los proyectos de mayor repercusión, abarcando las refutaciones formales y los hallazgos desfavorables que habitualmente escapan del foco mediático.

Cuatro restricciones que quien lee debe tener en cuenta:

  • Las concentraciones citadas no son comparables entre sí por las razones expuestas en la sección 5. Se reproducen con su unidad y su técnica originales precisamente para que no se mezclen.
  • Ninguna de las asociaciones humanas descritas establece causalidad. Donde el artículo dice «asociado» no debe leerse «causado».
  • Una parte sustancial de la evidencia toxicológica proviene de modelos animales y celulares con esferas de poliestireno a concentraciones superiores a las ambientales, lo que limita la extrapolación.
  • Es un campo en movimiento rápido: cerca del 64 % de los estudios sobre métodos de detección en material biológico humano se publicaron entre 2024 y 2025. Este artículo refleja la evidencia disponible a 3 de noviembre de 2026.

Referencias

1. Marfella, R. et al. Microplastics and Nanoplastics in Atheromas and Cardiovascular Events — The New England Journal of Medicine, 2024. DOI: 10.1056/nejmoa2309822

2. Sultan, S. et al. Microplastics and Nanoplastics as a Novel Cardiovascular Risk Factor: A Narrative Review — 2026.

3. Brits, M. et al. Quantitation of micro and nanoplastics in human blood by pyrolysis-gas chromatography–mass spectrometry — Microplastics and Nanoplastics, 2024. DOI: 10.1186/s43591-024-00090-w

4. Zhu, L. et al. Tissue accumulation of microplastics and potential health risks in human — Science of the Total Environment, 2024. DOI: 10.1016/j.scitotenv.2024.170004

5. Xu, H.-W. et al. Quantitative human biomonitoring of micro- and nanoplastics: Exposure profiles, mechanistic insights, and health implications — Journal of Hazardous Materials, 2026. DOI: 10.1016/j.jhazmat.2026.141054

6. Lane, T. et al. A QA/QC screening framework to assess studies reporting microplastic presence in human organs, tissues, and bodily fluids — Environment International, 2026. DOI: 10.1016/j.envint.2026.110429

7. Munno, K. et al. Patterns of microparticles in blank samples: A study to inform best practices for microplastic analysis — Chemosphere, 2023. DOI: 10.1016/j.chemosphere.2023.138883

8. Qian, N.-X. et al. Rapid single-particle chemical imaging of nanoplastics by SRS microscopy — PNAS, 2024. DOI: 10.1073/pnas.2300582121

9. Al-Mansoori, M. et al. Synthetic Microplastics in UK tap and bottled water; Implications for human exposure — Emerging Contaminants, 2024. DOI: 10.1016/j.emcon.2024.100417

10. Amato-Lourenço, L. F. et al. Microplastics in the Olfactory Bulb of the Human Brain — JAMA Network Open, 2024.

11. Wang, T. et al. Detection of micro- and nanoplastics in cerebrospinal fluid and blood: Implications for brain diseases — Ecotoxicology and Environmental Safety, 2026. DOI: 10.1016/j.ecoenv.2025.119614

12. Dzierżyński, E. et al. Post-mortem evidence of microplastic bioaccumulation in human organs — Archives of Toxicology, 2025. DOI: 10.1007/s00204-025-04092-2

13. Zuri, G. et al. Human biomonitoring of microplastics and health implications: A review — Environmental Research, 2023. DOI: 10.1016/j.envres.2023.116966

14. Marfella, R. et al. Microplastics and nanoplastics: tiny threats for cardiovascular diseases? — 2025.

15. Zhang, Y. et al. Microplastics and nanoplastics increase major adverse cardiac events in patients with myocardial infarction — 2025.

16. Prattichizzo, F. et al. Micro-nanoplastics and cardiovascular diseases: evidence and perspectives — 2024.

17. Weekly Journal Scan: Plastic particles in carotid plaques — inactive debris or predictors of cardiovascular events?

18. Nihart, A. et al. Bioaccumulation of microplastics in decedent human brains — Nature Medicine, 2025. DOI: 10.1038/s41591-024-03453-1

19. Monikh, F. et al. Challenges in studying microplastics in human brain — Nature Medicine, 2025. DOI: 10.1038/s41591-025-04045-3

20. Licinio, J. et al. The human microplastic burden and brain health: From measurement to pathophysiology and removal — Brain Health, 2026. DOI: 10.61373/bh026p.0006

21. Lamas, M. et al. Microplastics in human biological matrices: occurrence, analytical approaches, and health implications — Microchemical Journal, 2026. DOI: 10.1016/j.microc.2026.119926

22. Xie, J. et al. Blood-brain barrier damage accelerates the accumulation of micro- and nanoplastics in the human central nervous system — Journal of Hazardous Materials, 2024. DOI: 10.1016/j.jhazmat.2024.136028

23. Alkhamees, A. et al. Dental microplastics as emerging neurotoxicants: a systematic review on human data — PeerJ, 2026. DOI: 10.7717/peerj.20829

24. Chia, R. et al. Methods to optimize the collection, pretreatment, extraction, separation, and examination of microplastics in soil, groundwater, and human samples — Journal of Hazardous Materials, 2025. DOI: 10.1016/j.jhazmat.2025.137807

25. Dmitrowicz, A. et al. Micro- and nanoplastics in human biological materials: a systematic review of detection methods and methodological challenges — Archives of Toxicology, 2026. DOI: 10.1007/s00204-026-04392-1

26. Correia, T. R. et al. Analytical challenges and advances in detecting microplastics in human tissue and organ samples — 2026. DOI: 10.1590/0001-3765202620251113

27. Koelmans, A. et al. Microplastics in freshwaters and drinking water: Critical review and assessment of data quality — Water Research, 2019. DOI: 10.1016/j.watres.2019.02.054

28. Uppu, R. M. et al. Comment on: «Microplastic presence in dog and human testis…» — Toxicological Sciences, 2024. DOI: 10.1093/toxsci/kfae136. Patrocinado por el American Chemistry Council.

29. Chartres, N. et al. Effects of Microplastic Exposure on Human Digestive, Reproductive, and Respiratory Health: A Rapid Systematic Review — Environmental Science & Technology, 2024. DOI: 10.1021/acs.est.3c09524

30. Li, Y. et al. Risk Assessment of Microplastics in Humans: Distribution, Exposure, and Toxicological Effects — Polymers, 2025. DOI: 10.3390/polym17121699

31. Shi, K. et al. Detection and Quantification of Nanoplastics and Microplastics in Australian Drinking Water — ACS ES&T Water, 2026. DOI: 10.1021/acsestwater.5c01404

32. Lenhart, J. What’s in your water? A comparative analysis of micro- and nanoplastics in treated drinking water and bottled water — Science of the Total Environment, 2025. DOI: 10.1016/j.scitotenv.2025.181148

33. Hussain, K. A. et al. Everyday storage and handling of PET bottled water increase human exposure to nano- and microplastics — Water Research, 2026. DOI: 10.1016/j.watres.2026.125569

34. Winkler, A. et al. Detection and formation mechanisms of secondary nanoplastic released from drinking water bottles — Water Research, 2022. DOI: 10.1016/j.watres.2022.118848

35. Calikanzaros, E. et al. Micro- and nanoplastics in biological samples following a drinking water intervention in Barcelona, Spain — PLOS Water, 2026. DOI: 10.1371/journal.pwat.0000469

36. Luo, Q.-X. et al. Microplastics as an emerging threat to human health: An overview of potential health impacts — Journal of Environmental Management, 2025. DOI: 10.1016/j.jenvman.2025.125915

37. Alijagic, A. et al. The triple exposure nexus of microplastic particles, plastic-associated chemicals, and environmental pollutants from a human health perspective — Environment International, 2024. DOI: 10.1016/j.envint.2024.108736

Por Otilia Adame Luevano

También te puede gustar